La luna se refleja en el agua del Sena, que esta noche
parece más clara que nunca. Parados, observan el río desde un puente con
numerosos candados. La luz de las farolas no alumbra tanto como de costumbre,
todo está sumido en una penumbra un tanto especial.
-¿Piensas que algún día lo olvidaré?
+No. No somos máquinas, no olvidamos por que si.
-¿Eso significa que siempre me dolerá?
+Tampoco. Hace poco una amiga me dijo algo que no me dejó
indiferente: no lo vas a olvidar, pero llegará un momento en el que te darás
cuenta de que ya no juega un papel tan importante en tu vida. Siempre te
quedaran los recuerdos, pero en el presente y en tu futuro, podrás vivir sin
él. Más que olvidar lo que sientes por él, lo transformarás.
Un escalofrío recorrió a Diana de pies a cabeza. Leo se dio
cuenta y se quitó su chaquetón para ponérselo a ella sobre los hombros.
-Leo no hace falta...
+Te gusta esa frase. Sí que hace falta. No finjas ser tan
fuerte, que algún día te vas a romper.
-¿Qué me quieres decir con eso?
+No te he visto llorar ni una sola vez por Danielle, no te
he oído decir nada como ''lo echo de menos'' o algo como ''necesito un
abrazo''. ¿No tienes ganas de todo eso?
-Pues...
Diana enmudeció. No tenía respuesta.
+A veces, para superar algo debes dejar de fingir, y decir
lo que en verdad sientes.
-No puedo, me da vergüenza. Me avergüenzo de mí misma.
+¿Por qué? ¿Por necesitar un amigo o soltar unas cuantas
lágrimas? Diana, sentir dolor, por lo que sea, no es motivo de avergonzarse.
Una lágrima se resbaló por su mejilla, Leo la cogió con un
dedo.
+Ésto, no es más que una señal de valentía.
Diana esbozó una débil sonrisa, y con los ojos le suplicó
que la abrazara. Y que no la soltara. Y él no se hizo más de rogar.
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